Vitaminas, antioxidantes y suplementos durante el cáncer: Mitos, realidades, cuándo ayudan y cuándo no

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Se habla mucho del papel de los suplementos, vitaminas y antioxidantes en el cáncer. Pero, ¿qué hay de verdad en lo que se encuentra en inrnet y las redes sociales? ¿Cuándo ayudan y cuándo pueden interferir?

En este artículo voy a analizar, con la información científica que tenemos a día de hoy, los mitos y realidades que existen en la relación entre el cáncer y estos complementos alimenticios.

Y ya te adelanto que no todo suplemento es inocente: algunos pueden interferir con la quimio, la radioterapia o los resultados oncológicos.

¿Por qué es tan importante poner luz sobre los suplementos y el cáncer?

Cuando una persona recibe un diagnóstico de cáncer, es muy frecuente que quiera hacer algo más. Algo que dependa de ella. Algo que ayude a «subir defensas», «fortalecer el cuerpo», «proteger las células sanas» o «tolerar mejor la quimioterapia».

Y ahí aparecen los famosos suplementos: vitamina C, vitamina E, multivitamínicos, selenio, omega-3, cúrcuma, té verde, melatonina, hongos medicinales, antioxidantes o, por seguir modas recientes, alimentos completamente normales a los que los ignorantes les atribuyen propiedades cuasi-mágicas llamándolos «superalimentos«.

El problema es que en oncología más no siempre es mejor. Y, sobre todo, que algo sea natural, vitamínico o antioxidante no significa automáticamente que sea seguro.

La idea central de este artículo es sencilla: Un suplemento no es comida. Y en un paciente con cáncer, un suplemento puede comportarse como un fármaco o interferir con su función.

El gran mito: «Las vitaminas y antioxidantes siempre son buenos, no pueden hacer daño»

La mayoría de personas no tomaría un medicamento nuevo durante quimioterapia sin preguntarle al oncólogo. Sin embargo, muchas empiezan con los suplementos por su cuenta porque parecen inofensivos.

El razonamiento habitual es: «La quimio me debilita. Las vitaminas me fortalecen. Entonces, cuantas más vitaminas, mejor».

Suena lógico, pero no lo es. Una de las razones que justifican el absurdo de la frase anterior es que hasta no hace muchas décadas era frecuente observar hipovitaminosis de distintos tipos, de origen nutricional. Dichas hipovitaminosis iban asociadas a patologías debilitantes muy diversas.

Aunque no siempre, al corregir los déficits vitamínicos, dichas patologías se corregían igualmente. Eso llevó a mucha gente a extender la lógica y pensar que un suplemento extra de vitaminas te podría convertir en una especie de superhéroe.

Nada más lejos de la realidad. Por ejemplo, un déficit de vitamina A puede perjudicar a la vista, pero un exceso de vitamina A no proporciona visión de rayos X ni visión microscópica. Es más, puede causar una patología grave denominada Pseudo Tumor Cerebri.

Igualmente, se conoce desde hace mucho que el déficit de niacina puede causar una enfermedad llamada Pelagra (consistente en diarrea, dermatitis y deterioro cognitivo). La corrección del déficit corrige la Pelagra pero el exceso de niacina no incrementa la cognición ni hace «piel de acero». De hecho, los estudios más recientes demuestran que puede multiplicar hasta por 4 veces el riesgo cardiovascular.

Con una ingesta adecuada de vitaminas, no es necesario ningún suplemento vitamínico. No cumplen ninguna función y pueden ser perjudiciales.

Los suplementos no son solo vitaminas: existen antioxidantes, adaptógenos, micoterapias, etc. Centrándonos en el caso de los antioxidantes: muchos tratamientos oncológicos funcionan generando daño en las células tumorales. Parte de ese daño puede implicar estrés oxidativo, roturas de ADN, alteración de mitocondrias, interferencia con rutas metabólicas o activación del sistema inmune.

Si damos grandes dosis de antioxidantes o suplementos sin entender el mecanismo del tratamiento, podríamos estar protegiendo no solo a las células sanas, sino también a las células tumorales.

El National Cancer Institute advierte que los antioxidantes tomados durante quimioterapia o radioterapia pueden reducir la posibilidad de permanecer libre de cáncer, y que se necesita más investigación para saber si son seguros como terapia complementaria junto al tratamiento estándar.

Así que la pregunta clave aquí no es: «¿Esta vitamina es buena?». La pregunta correcta es: «¿Esta vitamina, a esta dosis, en este paciente, con este tumor y este tratamiento, ayuda, es neutra o puede interferir?».

 

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Antioxidantes: en alimentos sí, en megadosis no

Primero, definamos bien: los antioxidantes son sustancias que ayudan a neutralizar radicales libres y moléculas reactivas. Están en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y muchos alimentos vegetales. También existen como suplementos: vitamina C, vitamina E, beta-caroteno, coenzima Q10, selenio, mezclas antioxidantes, etc.

La diferencia entre una naranja y una cápsula de vitamina C de alta dosis es enorme. Los alimentos contienen mezclas complejas de fibra, polifenoles, micronutrientes y otros compuestos. Los suplementos, en cambio, concentran una o varias moléculas en dosis que muchas veces no se parecen a las de la dieta habitual.

El NCCIH resume bien esta diferencia: las personas que comen más frutas y verduras tienen menor riesgo de algunas enfermedades crónicas, incluido cáncer, pero eso no significa que los antioxidantes purificados en cápsulas reproduzcan el mismo efecto. De hecho, los antioxidantes en altas dosis pueden comportarse de manera diferente a los presentes en alimentos.

El mensaje práctico con el que te debes quedar:

  • a frutas, verduras, legumbres, frutos secos y alimentos reales.
  • No a megadosis de antioxidantes durante el tratamiento oncológico.

El estudio clave en cáncer de mama: suplementos durante la quimioterapia

Uno de los trabajos que más ha cambiado la forma de enfocar este tema fue publicado en Journal of Clinical Oncology y analizó el uso de suplementos en 1.134 mujeres con cáncer de mama tratadas con quimioterapia dentro de un ensayo cooperativo.

La American Cancer Society resumió sus hallazgos de forma clara: quienes tomaron antioxidantes —vitaminas A, C, E, carotenoides o coenzima Q10—, tanto antes como durante la quimioterapia, tuvieron un 41% más de riesgo de recaída y un 40% más de riesgo de muerte. También se observaron señales desfavorables con vitamina B12, hierro y omega-3, mientras que el multivitamínico estándar no cambió el riesgo.

Hay que interpretarlo con rigor, ya no fue un ensayo aleatorizado de «suplemento sí vs suplemento no». Además, las pacientes elegían por su cuenta si tomaban suplementos, así que puede haber sesgos. Pero el hallazgo encaja con la preocupación biológica: algunos suplementos podrían interferir con mecanismos de tratamiento.

El propio NCCIH también destaca este estudio y concluye que apoya la idea de que los antioxidantes durante quimioterapia pueden interferir con el tratamiento. La conclusión no es que «todas las vitaminas son veneno», sino que, durante quimioterapia, radioterapia o tratamientos sistémicos, no conviene añadir suplementos por intuición.

«Superalimentos»: una palabra surgida del marketing, no de la medicina

Otra pregunta habitual entre pacientes es sobre la relación entre superalimentos y cáncer. Aquí entran la cúrcuma, el té verde, las bayas, el brócoli, el jengibre, los hongos, la granada, el ajo, la espirulina y un largo etcétera. Muchos de estos alimentos contienen compuestos interesantes. Algunos tienen efectos antiinflamatorios, antioxidantes, inmunomoduladores o metabólicos en modelos celulares o animales.

Pero hay un salto enorme entre el hecho de que este compuesto afecte una vía tumoral en una placa de laboratorio y la idea de que tomar este suplemento mejora la supervivencia de un paciente con cáncer.

El NCCIH señala que, para muchos suplementos investigados en prevención del cáncer —como ajo, ginkgo, noni o extracto de semilla de uva— la evidencia es demasiado limitada para sacar conclusiones. También advierte que el té verde como bebida suele ser seguro en cantidades moderadas, pero los extractos concentrados de té verde se han asociado a problemas hepáticos en algunas personas.

Este matiz es crucial:

  • Tomar té verde como bebida no es lo mismo que tomar extracto concentrado de té verde.
  • Comer cúrcuma en un plato no es lo mismo que tomar gramos diarios de curcumina con potenciadores de absorción.
  • Comer setas no es lo mismo que tomar mezclas de hongos medicinales de composición variable.

Los superalimentos pueden formar parte de una dieta saludable. Pero no son tratamientos oncológicos.

Vitaminas para prevenir cáncer: menos claro de lo que parece

Mucha gente toma vitaminas para prevenir cáncer o para evitar recaídas. Pero los grandes estudios de prevención han sido, como mínimo, decepcionantes.

El NCCIH recoge las recomendaciones del U.S. Preventive Services Task Force: no se recomienda beta-caroteno ni vitamina E para prevenir cáncer, porque no han mostrado beneficio y, en el caso del beta-caroteno, puede aumentar el riesgo de cáncer de pulmón en personas de alto riesgo como fumadores o expuestos a asbestos. Para la vitamina C, selenio y otros nutrientes, la evidencia es insuficiente para recomendar su uso preventivo.

Esto es importante porque rompe una idea muy extendida de la que ya hemos hablado antes: «Si un poco de vitamina es necesaria, mucha vitamina será mejor». Como se ha explicado más arriba, en biología, la dosis y el contexto importan. Si hay déficits, deben corregirse. Pero suplementar sin déficit, sin objetivo claro y sin control puede no aportar nada o incluso añadir riesgo.

¿Y los multivitamínicos?

Aquí conviene separar. Un multivitamínico estándar, a dosis cercanas a las ingestas recomendadas, no es lo mismo que tomar dosis altas de antioxidantes individuales. En el estudio de cáncer de mama citado antes, el multivitamínico no se asoció a más recaídas ni a más muertes, a diferencia de algunos antioxidantes, B12, hierro u omega-3 tomados de forma específica.

Aun así, eso no significa que todo paciente deba tomar multivitamínico. Puede tener sentido en situaciones concretas:

  • Ingesta muy pobre durante semanas.
  • Desnutrición.
  • Dietas muy restrictivas.
  • Déficits documentados.
  • Cirugía digestiva.
  • Malabsorción.
  • Edad avanzada con bajo aporte nutricional.

Pero como norma general, el objetivo debería ser obtener micronutrientes de la dieta y suplementar solo cuando hay una razón. De hecho, cuando existe una razón clínica (anemia, cirugía digestiva, déficits de ingesta, etc.), es el propio equipo médico el que pauta una dosis de las vitaminas concretas que presentan déficit, y no a cualquier dosis, sino a dosis basadas en evidencia científica.

Suplementos que sí pueden tener sentido en el cáncer para corregir déficits

No todo suplemento es absurdo. Hay situaciones donde suplementar es medicina correcta:

  • Vitamina D si hay déficit, osteoporosis, inhibidores de aromatasa, deprivación androgénica o riesgo óseo.
  • Calcio si la ingesta es insuficiente y hay riesgo de pérdida ósea.
  • Hierro si hay anemia ferropénica demostrada, no «por cansancio» sin analítica.
  • B12 si hay déficit, vegetarianismo estricto, metformina prolongada, gastrectomía u otras causas.
  • Magnesio o potasio en pérdidas documentadas o por fármacos concretos.
  • Omega-3 en casos seleccionados de hipertrigliceridemia, baja ingesta o situaciones clínicas concretas, siempre contextualizando.

La clave es la intención: suplementar un déficit demostrado es distinto de tomar suplementos «para luchar contra el cáncer». La suplementación debería hacerse con analítica, indicación, dosis y seguimiento. Como se ha explicado más arriba, lo hace el equipo médico de rutina, y no debe de tomar decisiones el paciente por su cuenta sin tener datos clínicos concretos que lo justifiquen.

Interacciones: el problema en el que casi nadie se fija

Los suplementos pueden interactuar con tratamientos oncológicos de varias formas:

  • Farmacodinámica: cambian el efecto biológico del tratamiento. Por ejemplo, antioxidantes que reducen el estrés oxidativo cuando parte del tratamiento depende de producir daño oxidativo.
  • Farmacocinética: alteran absorción, metabolismo o eliminación de fármacos.
  • Toxicidad añadida: daño hepático, sangrado, diarrea, alteraciones electrolíticas, sedación o interacciones con anticoagulantes.
  • Confusión clínica: si aparece toxicidad, no siempre sabemos si viene del tratamiento, del suplemento o de la interacción.

El NCI recuerda que los suplementos y hierbas pueden interactuar con medicamentos contra el cáncer, afectando a la farmacocinética o la farmacodinámica, y que siempre existe riesgo cuando se combinan con fármacos oncológicos.

Por eso en oncología no basta con preguntar si se toma medicación. También hay que preguntar: «¿Tomas vitaminas, plantas, infusiones concentradas, hongos, extractos, antioxidantes, proteínas en polvo o productos de herbolario?».

Durante la quimio, radioterapia, inmunoterapia o terapias dirigidas, las reglas son sencillas

Sin entrar en cada tratamiento concreto, podemos dar algunas reglas prudentes:

Durante la  quimioterapia

Evita los suplementos antioxidantes de alta dosis salvo indicación muy clara. Debes tener especial precaución con las vitaminas A, C, E, beta-caroteno, coenzima Q10, selenio en dosis altas y mezclas antioxidantes.

Durante la radioterapia

Recomendamos tener la misma prudencia. La radioterapia genera daño celular mediado en parte por los radicales libres, y el NCI advierte sobre el consumo de antioxidantes durante quimio o radioterapia.

Durante la inmunoterapia

No es recomendable tomar suplementos destinados a «estimular el sistema inmunitario» sin la supervisión del oncólogo, ya que podrían interferir con el tratamiento o aumentar sus efectos adversos.

De hecho, los tratamientos de inmunoterapia pueden actuar sobre el microbioma, causar inflamación o toxicidad autoinmune e ir acompañados del uso de corticoides y antibióticos. Y en estos casos no conviene estimular las defensas sin saber qué se está estimulando, más aún cuando los suplementos inmunoestimulantes son de composición poco clara o sus efectos sobre el sistema inmunitario no están bien estudiados.

Durante terapias dirigidas

Hay que tener mucho cuidado con las interacciones hepáticas, CYP3A4, P-gp, diarrea, toxicidad cutánea, QT, anticoagulación y otros fármacos. Algunos suplementos pueden modificar enzimas metabólicas o añadir toxicidad.

Antes de una cirugía

Muchos suplementos aumentan el riesgo de sangrado o interfieren con la anestesia. Es frecuente que se recomiende suspenderlos antes de una intervención, pero debe indicarlo el equipo médico.

¿Qué puede hacer el paciente hoy?

Una forma práctica de ordenar esto:

  1. Haz una lista completa. Incluye: vitaminas, minerales, omega-3, proteínas en polvo, colágeno, probióticos, cúrcuma, té verde en cápsulas, melatonina, hongos, infusiones medicinales, productos «inmuno», cualquier producto de herbolario.
  2. Enséñala a tu oncólogo o nutricionista clínico: no para que te regañen. Para evitar interacciones.
  3. El NCCIH recomienda que las personas con cáncer hablen con sus profesionales antes de iniciar cualquier enfoque complementario y que informen de lo que ya están usando.
  4. Distingue alimento de suplemento: comer verduras: sí; tomar megadosis antioxidantes: revisar; tomar té verde: probablemente bien; tomar extracto concentrado de té verde: revisar, especialmente por hígado; usar cúrcuma en cocina: bien; tomar curcumina concentrada con piperina: revisar.
  5. Pregunta «¿para qué?»: todo suplemento debería tener un objetivo: corregir déficit, mejorar un síntoma concreto, tratar un problema documentado, o formar parte de una estrategia supervisada. Si el objetivo es «por si acaso», mala señal.
  6. Evita combinaciones grandes: los productos con 20 ingredientes son especialmente problemáticos. Si aparece una toxicidad, no sabemos qué la causó.

¿Cómo lo vemos desde TNC Terapia?

En TNC no planteamos los suplementos como «buenos» o «malos» en abstracto.

Los planteamos como una intervención biológica que debe responder a varias preguntas:

  • ¿Qué tumor tiene el paciente?
  • ¿Qué tratamiento recibe?
  • ¿Qué mecanismos de acción tiene ese tratamiento?
  • ¿Qué toxicidades queremos evitar?
  • ¿Hay déficits reales?
  • ¿Hay riesgo de interacción?
  • ¿Qué microbioma y qué estado metabólico tiene el paciente?
  • ¿El suplemento es necesario, útil, neutro o potencialmente perjudicial?

Eso es muy distinto a vender un pack de suplementos para cáncer. A veces, la mejor recomendación será suplementar vitamina D, hierro o B12 porque hay un déficit documentado. Otras veces, la mejor recomendación será retirar antioxidantes, extractos herbales o mezclas que el paciente estaba tomando porque pensaba que le ayudaba. En oncología de precisión, también la suplementación debe ser de precisión.

 

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Conclusión final

Los suplementos, vitaminas y antioxidantes no son un detalle menor durante el cáncer. Algunos pueden ser útiles si corrigen un déficit o resuelven un problema concreto. Otros pueden ser innecesarios. Y algunos, especialmente los antioxidantes a dosis altas durante quimioterapia o radioterapia, podrían interferir con el tratamiento o asociarse a peores resultados.

La idea no es tener miedo a todo, sino dejar de tratarlos como si fueran caramelos.

Por ello, el mensaje que damos desde TNC es:

  • Los nutrientes: siempre es mejor si se obtienen de la comida real.
  • Los suplementos: tomarlos solo con un objetivo claro y con la supervisión del médico oncólogo.
  • Los antioxidantes de alta dosis: tener especial prudencia con su consumor durante tratamiento.
  • Déficits: corregirlos de manera precisa hasta tener los niveles recomendados.
  • Y cualquier producto de herbolario, vitamina o «superalimento» concentrado: revisarlo con el equipo.

Porque en cáncer, igual que no damos cualquier fármaco a cualquier paciente, tampoco deberíamos dar cualquier suplemento a cualquier persona.

Referencias científicas

Ambrosone CB, Zirpoli GR, Hutson AD, McCann WE, McCann SE, Barlow WE, et al. Dietary Supplement Use During Chemotherapy and Survival Outcomes of Patients With Breast Cancer Enrolled in a Cooperative Group Clinical Trial (SWOG S0221). J Clin Oncol. 2020;38(8):804-14.

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